El confinamiento y el abuso de las tecnologías

Ana Belén Recatalá Ibáñez
 Gabinet Psicopedagògic
 a.recatala@colavem.com

Recatalá, Ana Belén 2

Estimadas familias, por fin vamos viendo cómo, gracias a muchas personas, esta situación puede ir cambiando. Envío  un recuerdo fraternal  para las personas que ya no están con nosotros y que sus familias ni tan siquiera han podido despedir.

Algunas familias me habéis trasmitido vuestra preocupación por el uso excesivo de dispositivos móviles (tablets, teléfonos, playstation…) de vuestros hijos y los conflictos que esto puede causar en el día a día de los hogares además de los posibles riesgos como el ciberacoso.

Las Tecnologias de la Comunicación (TIC) están siendo uno de los recursos más utilizados por muchas familias a raíz del confinamiento. El uso que estamos haciendo es tanto profesional (teletrabajo), escolar  o como parte del ocio de nuestra familia. Esto supone una fuente de conflicto para muchos padres y no solo porque nos preocupe el uso abusivo que puedan hacer nuestros hijos,  sino también porque no todas las familias disponemos de un dispositivo para cada uno ni tenemos la posibilidad de tenerlo y hay que turnarse.  Muchos padres y madres  tienen que seguir haciendo el trabajo desde casa y además, en numerosos casos,  deben “aprender”  y adaptarse para hacerlo, con largos horarios,  además de todas las responsabilidades domésticas y ayudar a los hijos con sus deberes.

Con este panorama no es fácil fomentar pautas que eviten este consumo excesivo. Según Marta Marcos y Mariano Chóliz de la Universidad de Valencia, el recuento de horas diarias que los jóvenes están delante de una pantalla puede ser de más de 12 horas diarias (entre clases y deberes, deporte online, videollamadas, Instagram, plataformas para ver series, etc.)

Una de las complicaciones de esta nueva etapa que estamos viviendo es la dificultad para ofrecerles alternativas atractivas ya que se hace imposible llevarlas a cabo y esto puede hacer que el uso de las TIC, que en principio puede ser una solución adaptativa, se convierta en un problema de difícil solución.

Según estos autores algunos de los síntomas de esta dependencia a la tecnología son: nerviosismo, irritabilidad, dolores de cabeza, musculares, angustia, trastorno del sueño, fatiga visual, cansancio mental que dificulta la comprensión de nueva información afectando gravemente a la concentración y el rendimiento laboral. Pero, si bien es verdad, no debemos evaluar el comportamiento de nuestros hijos como si estuviéramos viviendo en circunstancias normales. Marcos y Chóliz recomiendan que mientras dure este estado de alarma, las actividades preventivas deben girar en torno a recomendaciones para fomentar alternativas offline en el hogar durante el tiempo de ocio.

Entre estas recomendaciones destacan:

  • Establecer una rutina diferenciadora entre días laborales de lunes a viernes y el fin de semana. Establecer una hora específica de levantarse en días laborables y una higiene personal que pase por asearse y vestirse con ropa cómoda. Evitar ir con el pijama todo el día.
  • En caso de teletrabajo, disponer de una habitación solo para ello y establecer una hora específica para comenzar y concluir como si se fuera al lugar de trabajo, incluyendo horario fijo de comidas y periodos breves de descanso.
  • Evitar alejarse del contacto offline diario y continuo y mantener la comunicación fluida cara a cara necesaria para el desarrollo de técnicas de afrontamiento y resolución de problemas de las situaciones normales de la vida al tiempo que se proteja de la alienación y el aislamiento.
  • Evitar distraerse mientras se trabaja o estudia, silenciando el móvil y las notificaciones de redes sociales. No tener en cuenta medidas como esta va en menoscabo del rendimiento académico o la productividad laboral, que pueden derivar en pérdida de oportunidades laborales y/o académicas.
  • Durante el trabajo o los estudios se deben planificar descansos que no sean muy largos para no perder la concentración. Conviene levantarse unos minutos para estirarse, caminar un poco, tomar agua y descansar la vista de las pantallas.
  • Actualizar los equipos frecuentemente, para tener las garantías de que son rápidos y eficaces (esto evitará retrasos). Guardar los trabajos y realizar copias de seguridad para respaldar tu información y tener tranquilidad.
  • Practicar ejercicio al menos 30 minutos al día para moverse aunque se esté en casa: además de evitar subir de peso, se aliviará la tensión y despejará la mente.
  • Controlar el estrés con respiración o relajación. Se pueden hacer ejercicios como cerrar los ojos unos segundos, inhalar, exhalar y respirar profundamente. Eso favorece la relajación y ayuda a cambiar la perspectiva de los problemas, así como obtener fuerza y energía para afrontarlos.
  • Buscar alternativas de ocio que no requieran del uso de las tecnologías. Por ejemplo, si se quiere leer un libro o revista, que sea de papel; ver series o películas en televisión; escuchar la información por radio, televisión o prensa escrita (los quioscos están abiertos); tocar algún instrumento musical; hacer limpieza a fondo de alguna parte de la casa; escuchar música; escribir; cuidar plantas; realizar actividades manuales o domésticas y un largo etcétera de actividades que habitualmente no se realizan por falta de tiempo, pero que pueden llegar a ser un agradable descubrimiento. Es conveniente es organizarlas en un horario semanal en el que se incluyan las actividades y obligaciones cotidianas.

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